En Casas de Asís damos un nuevo paso en nuestra historia. Presentamos nuestra nueva identidad visual, una renovación que no pretende cambiar quiénes somos, sino expresar de una forma más clara, sencilla y reconocible aquello que llevamos años intentando hacer cada día: acoger, acompañar, servir y construir juntos una sociedad más justa y fraterna.
Nuestra Asociación ha crecido y evolucionado. Lo que comenzó estrechamente vinculado a la atención alimentaria ha ido incorporando nuevos programas, nuevas necesidades y nuevas formas de acompañamiento. Hoy Casas de Asís es una realidad social mucho más amplia y necesitábamos que nuestra imagen evolucionara con nosotros.
Por eso hemos querido avanzar hacia un logotipo más limpio, actual y fácilmente identificable, capaz de representar conjuntamente todos nuestros programas y servicios y de funcionar con claridad tanto en una pequeña publicación digital como en nuestra sede, documentos, campañas o proyectos compartidos con otras entidades.
Pero había una condición irrenunciable: modernizar nuestra imagen sin perder nuestra historia ni nuestra identidad franciscana.
La nueva imagen está construida con pocos trazos, pero cada uno tiene un significado.
El tejado representa la casa: acogida, hogar y protección. Una casa abierta, sin paredes ni puertas, porque nuestra vocación es recibir y acompañar.
Una de sus vertientes se transforma en la Tau franciscana, representada en marrón. Es nuestra referencia a san Francisco de Asís y expresa identidad, sencillez, humildad y servicio. La Tau no aparece añadida al dibujo: forma parte de la propia casa, porque la inspiración franciscana forma parte también de nuestra manera de entender la acción social.
Bajo ese techo encontramos dos personas. No tienen edad, nacionalidad ni rasgos determinados. Pueden representar a un hombre y una mujer, pero quieren representar, sobre todo, la igualdad y dignidad de todo ser humano, independientemente de su origen, raza, sexo, cultura o situación personal.
Y hay algo especialmente significativo: ninguna ocupa una posición superior a la otra. Podrían representar a quien ayuda y a quien recibe ayuda, pero no sabemos quién es quién. Porque todos tenemos algo que ofrecer y todos, en algún momento, podemos necesitar de los demás.
Si observamos las dos figuras descubriremos que, al encontrarse, forman un corazón.
No hemos querido añadir un corazón convencional al logotipo. El corazón surge del espacio que crean las propias personas.
Porque para Casas de Asís la solidaridad nace del encuentro.
Representa la cercanía, la escucha, el acompañamiento, la fraternidad y la comunidad que queremos construir alrededor de cada persona.
Los cuerpos de esas mismas figuras esconden otros dos elementos esenciales.
La figura azul se convierte en un pez, símbolo cristiano que nos habla de fe, vida y dignidad, además de recordar nuestras raíces y nuestra atención a las necesidades básicas.
La figura de color trigo se transforma en un pan, expresión del alimento, el compartir y la solidaridad.
Pan y pez recuerdan inevitablemente que una parte fundamental de nuestra historia está ligada a alimentar. Pero también quieren decir algo más: alimentar a una persona no consiste solamente en proporcionarle comida. Es acogerla, escucharla, acompañarla y reconocer su dignidad.
También las dos cabezas esconden una segunda lectura.
Pueden contemplarse como el sol y la luna, evocando al Hermano Sol y la Hermana Luna del Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís.
Con ellos incorporamos a nuestra identidad otro de los compromisos que forman parte de nuestro ideario: el respeto a la naturaleza y el cuidado de la creación.
Las personas no vivimos al margen de nuestro entorno. Solidaridad, justicia social y cuidado de nuestra casa común forman parte de una misma responsabilidad.
Hay todavía una lectura especialmente franciscana.
El tejado, las dos figuras inclinadas y aquello que ambas protegen pueden recordarnos la imagen de un portal de Belén.
Es una evocación que nos conduce a Greccio y a san Francisco de Asís, profundamente vinculado al origen de la tradición franciscana del belén.
No hemos dibujado literalmente al Niño Jesús. Su presencia queda sugerida en el centro mediante el pan y el pez, símbolos del alimento, la entrega y, desde nuestra fe cristiana, de Cristo que se ofrece como alimento para la humanidad.
Es una lectura que no se impone: se descubre.
La renovación de nuestra identidad no responde únicamente a una cuestión estética. Forma parte del proceso de crecimiento y profesionalización de Casas de Asís.
Buscamos una imagen más clara y reconocible; una identidad común para nuestros diferentes programas y servicios; una marca que pueda acompañarnos durante muchos años y que nos permita presentarnos ante usuarios, voluntarios, administraciones, empresas, entidades colaboradoras y toda la sociedad con una voz visual coherente.
Cambia nuestra imagen, pero no cambia nuestra razón de ser.
Seguimos siendo una casa abierta. Seguimos creyendo en la dignidad de cada persona. Seguimos compartiendo el pan. Seguimos acompañando. Seguimos aprendiendo de san Francisco que la fraternidad alcanza también a toda la creación.
Y queremos que, poco a poco, este nuevo símbolo llegue a identificarse con todo ello.
Una casa que acoge. Dos personas que se encuentran. Un corazón que nace. Un pan y un pez que se comparten. Una Tau que recuerda quiénes somos. Una creación que estamos llamados a cuidar.
Misma esencia. Una identidad renovada. Más futuro.
Asociación Casas de Asís
Acción Social Integrada para la Solidaridad